jueves, 25 de junio de 2009

EL DESFILE DE LAS VANIDADES

EL DESFILE DE LAS VANIDADES 

El nombre proviene de una película de hace algunos años, 
protagonizada por Tom Hanks, Bruce Willis y Morgan Freeman 
en una memorable actuación de muy pocos minutos pero en 
donde dice una frase digna de ser recordada, cuando se 
enfrenta a una "comunidad" (que casualidad) que lo único 
que tiene en común es el interés de fastidiar a un pobre 
diablo. La frase es: "pórtense como la gente decente" 



Este texto lo escribí a mediados de junio de 2009, cuando habia dos sucesos predominantes en el cotilleo del ambiente travesti: 

a) Las arbitrariedades sufridas por Agustín Estrada Negrete, un funcionario de la educacion pùblica en el Estado de México, que presuntamente por mostrarse vestida en un festival gay en Ecatepec, fue expulsado de su trabajo, aprehendido y encarcelado, torturado y vejado durante el encierro, 

b) La marcha de la "comunidad LGBTTTI", ese escaparate que cada año inunda el Paseo de la Reforma (México, D.F) con colores, gays, disfraces, lesbianas, carros alegóricos, transexuales,mùsica y muchas cosas más. 



Dicho lo cual, podemos empezar. 



Leer el caso de Agustín Estrada Negrete, es conocer una historia de infamia, que indigna por la ultrajante agresión a los derechos más elementales de un ser humano, es un ejemplo de la arbitrariedad y prepotencia de quienes deberían ser responsables del bienestar de la ciudadanía. Y esto no tienen nada que ver con colores partidistas; sean azules, rojos o amarillos, la clase política se rige por las mismas pautas de conducta: cuándo son oposición derraman promesas y buenos deseos, pero apenas se apoderan de puestos de gobierno adquieren los mismos vicios nefastos de la corrupción y el abuso de poder. 

Volviendo al tema, el caso de Agustín Estrada Negrete, es una muestra dolorosa de las reacciones de la Gente en contra de los travestis. Uso el término Gente, con mayúscula, para identificar a esa masa anónima de personas con la que convivimos todos los días. Ese conjunto de individuos que al integrarse asumen comportamientos y criterios homogéneos. Digo Gente, con mayúscula, para mencionar a la multitud con la que nos aglomeramos en los sitios públicos y que se hace presente, en sus costumbres, hábitos y prejuicios, aún en el transeúnte con quien nos cruzamos en una calle solitaria. 

La Gente tiene normas y pautas de conducta, tiene reglas y leyes tácitas que determinan su comportamiento. Seguramente, alguien debe estar pensando “a mi no me importa la gente” o “yo hago lo que quiero y no me interesa lo que piense la gente”. 

Craso error, porque a final de cuentas a la Gente si le interesas TÚ, la Gente si piensa en TÍ, y su comportamiento siempre va a afectarte, por las buenas o por las malas, tarde o temprano. 

La Gente es generalista, piensa en función de conjuntos. La Gente tiene conceptos absolutos como aquellos de “todos los regiomontanos son codos”, “todos los yucatecos son cabezones”, “todos los defeños hablan cantadito”, “todos los travestis son _ _ _ _ _ _ _” y dejo la línea punteada, para que cada quien escriba el término que considere más adecuado a la percepción generalista que la gente tiene de nosotros. 

Retomemos la cuestión de Agustín Estrada Negrete. Se desempeñaba en un puesto dentro del sistema educativo, con interacciones constantes con padres de familia, alumnos, colegas y visitantes de su centro de trabajo, seguramente trataba con proveedores y hacia gestiones con dependencias públicas y privadas. Dicho de otro modo, su desempeño cotidiano era normal, perfectamente compatible con los requerimientos de la Gente. 

Pero un día, se le ocurrió lucirse con un vestido rojo y ese hecho catalizó una violenta reacción. Para la Gente, Agustín Estrada Negrete, dejo de ser un ciudadano responsable y trabajador, y se transformó en una criatura aberrante. 

Pudiéramos pensar que los agresores de Agustín, fueron sólo un puñado de personas, autoridades y detractores; pero estos sujetos forman parte de la Gente puesto que comparten sus paradigmas y prejuicios; además, el caso de Agustín no es una excepción, en estos espacios se han dado a conocer otros casos de reacciones virulentas de la Gente, aunque no han terminado de manera tan radical. 

El punto de mi reflexión es ¿Por qué la Gente cambió brutalmente su percepción de Agustín, cuando le vio travestido? 

Y voy a universalizar la pregunta: ¿Por qué la Gente tiene un concepto negativo (y hasta nefasto) de los travestis? 

Algo más de la Gente. Es organoléptica, no intelectiva. Esto significa que aprende de lo que captan sus órganos de los sentidos, no del resultado de procesos inteligentes (es más, en el momento que una persona aplica su capacidad intelectual, se convierte en un individuo y se desliga de la masa). 

La Gente, entonces, aprende de lo que ve y oye, y ese aprendizaje lo convierte en prejuicios generalistas. Así es como la Gente “aprendió” que “todos los regios son codos”, y etc. 

¿Y qué ve y oye la Gente de los travestis? Desde los “41” de la época porfirista, hasta las ofertas de carne en Tlalpan, la Gente percibe elementos para asociar travestismo con homosexualidad y prostitución. 

Desde las chicas que salen a la calle exhibiendo sus intenciones de aparearse, hasta el espectáculo de fotos de nalgas en tangas y liguero en internet ¿Qué aprende la Gente de los intereses e intenciones de los travestis? 

Si la Gente tiene un concepto negativo de los travestis, y la Gente piensa “todos los travestis son iguales”, luego entonces, cuando Agustín se exhibió en vestido rojo, la Gente tuvo los elementos para cambiar su percepción de ciudadano trabajador y positivo, a criatura despreciable y repelente. 

Y vuelvo a la pregunta: ¿Por qué la Gente tiene un concepto negativo (y hasta nefasto) de los travestis?, y la respuesta, basada en los elementos que he expuesto: 

Porque los travestis se han comportado de tal manera, que la Gente ha visto y oído cosas que han conformado una imagen deplorable y despreciable. 

Recuerdo un incidente del cual amigas de Blush pueden atestiguar y que me sirve para ilustrar mi aseveración. En cierto evento en un bar de la Zona Rosa (un lugar normal, no de ambiente gay), convivimos con una cantante que cuando le comentaron que a su show íbamos a asistir travestis pensó “bola de putos, ojala y no se pongan muy borrachos”, aquí los prejuicios de la Gente actuaron en la percepción de esta dama. 

Pero nos conoció, platicó, cantó y hasta bailó con nosotras. Actuó la parte inteligente con base en hechos comprobables, su percepción se individualizó, se separó de las creencias de la Gente, y el concepto de los travestis que tenía ella cambió totalmente. 

Pero la Gente rara vez llega a la etapa de conocimiento intelectual. Se queda en la primera etapa de percepciones y prejuicios, y piensa de los travestis “bola de putos”. 

De ninguna manera trato de afirmar que los travestis seamos lo que la Gente percibe, mi premisa es que la Gente percibe una imagen de los travestis que forma un concepto nefasto y negativo. Y desde luego esto no es de ayer o de hace un año, generaciones enteras de travestis se han afanado en darle a la Gente los elementos para considerarnos viles e indignos de respeto. 

Porque el respeto no es un don del cielo ni un regalo de las Vacas Sagradas. El respeto es como la confianza, se gana y se mantiene. ¿Queremos que la gente nos respete? Tenemos que ganarnos ese respeto, y demostrar que merecemos ser respetadas. En el caso del bar y la cantante, demostramos ser gente positiva, demostramos ser decentes y ella correspondió tratándonos con afecto y cordialidad, muy diferente de cómo estaba resignada a tratar a la “bola de putos”. 

El respeto pues, ni se regala ni se compra. Se gana. 

Y viene la pregunta inevitable ¿Los travestis nos ganamos el respeto de la Gente? 

Historias como la de Agustín, serian muy diferentes si la Gente nos respetara, si no hubiéramos dado elementos para crear y fortalecer prejuicios, dogmas, aprensiones y toda la escoria con que la Gente nos califica. 

Y viene la marcha 2009. Durante unas horas, la comunidad homosexual se exhibe por Paseo de la Reforma, y entre la muchedumbre que desfila, aparecen los travestis, exhibiéndose ante la Gente que se amontona en las banquetas, muchos por simpatía pero muchos más por morbo; figurando por uno o dos días en los medios y permaneciendo de manera persistente en páginas de internet. 

Por cierto, y ya que menciono el morbo, ¿han notado que tanto la televisión como los medios impresos, publican las imágenes más morbosas de estos eventos? 

Y a final de cuenta, en vivo o por imágenes, ¿qué percibe la Gente de los travestis que usan este escaparate? 

Apliquemos el principio de la generalización, la Gente percibe que “todos los travestis son esto:” 

Apliquemos el principio de que el respeto se gana. ¿Qué respeto se puede exigir para esto? 

Alguien me dijo hace poco “es que en la marcha hay gays que se disfrazan de mujer”. Y se me ocurre preguntar (aunque ya sé la respuesta): ¿es tan urgente revolverse con ellos? 

Vayamos pues (es peyorativo, desde luego) a la marcha y revolvámonos con maricones disfrazados de mujer. Alimentemos los prejuicios y obsesiones de la Gente en contra nuestra y confirmemos su percepción aquella de que “todos los travestis son_ _ _ _ “. 

Vayamos pues a la marcha y destilemos toneladas de orgullo en una mascarada grotesca. En cuanto a Agustín Estrada Negrete, vaya un saludo solidario y ojala pudiéramos cambiar, en su provecho, esas toneladas de orgullo por un puñado de respeto. 

Zaira Azari, tomado de su sitio en internet; http://www.zaira.blushlink.com/